Fiel a su implacable tradición de “mufa” política, el líder del Frente Renovador y ex “superministro” de Economía del nefasto gobierno de Alberto y Cristina, Sergio Massa, volvió a dar la nota internacional. En la previa de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil del domingo 4 de octubre, Massa sacó pecho en sus redes sociales, publicó un emotivo mensaje en X junto a banderas y corazoncitos rojos para apoyar la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva y, como no podía ser de otra manera, el resultado fue un auténtico papelón para el mandatario brasileño.
Contra todos los pronósticos y las encuestas truchas que daban por ganador al líder del PT, el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, dio el zarpazo histórico: con el 100 % de las mesas escrutadas, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro se impuso con el 47,03 % de los votos, dejando relegado a Lula a un segundo lugar con el 45,16 %. Si bien la contienda se definirá en el balotaje del próximo 25 de octubre al no alcanzar el piso del 50 %, la bofetada en las urnas dejó un tendal de caras largas en el arco progresista regional y, sobre todo, en el massismo.
El apoyo del ex candidato derrotado en el balotaje argentino de 2023 no hizo más que reavivar las burlas en las redes sociales. Parece que cada dirigente internacional que recibe un guiño o un abrazo de Sergio Massa termina sufriendo un golpazo electoral de proporciones. Tras haber utilizado recursos públicos y haber reventado el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de los jubilados para su propia campaña frustrada, el “Efecto Massa” cruzó la frontera y le propinó un golpe durísimo al PT brasileño. Moraleja para la política regional: si Massa te apoya, andá reservando el pasaje de vuelta a tu casa.
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